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Al comenzar la campaña electoral, los partidos buscan ganar el centro y combatir la apatía Al comenzar la campaña electoral, los partidos buscan ganar el centro y combatir la apatía
El futuro político de España va a depender, en gran medida, de la fatiga de los votantes. En algunas partes del país -en particular... Al comenzar la campaña electoral, los partidos buscan ganar el centro y combatir la apatía

El futuro político de España va a depender, en gran medida, de la fatiga de los votantes. En algunas partes del país -en particular en Sevilla, donde tres de los seis convoyes políticos celebraron concentraciones anoche- grupos de políticos, seguidores de base y periodistas se esfuerzan por hacer que esta campaña electoral parezca como cualquier otra. Pero en el resto de España, la gente se amontonaba en sus coches y se iba a disfrutar del fin de semana largo, gracias a la fiesta nacional del 1 de noviembre.

El PSOE y el PP buscan ganarse a los votantes del centro-derecha de Ciudadanos

El letargo de los electores españoles -el 10 de noviembre volverán a las urnas por cuarta vez en cuatro años- será decisivo. Los partidos políticos del país tienen ocho días para combatir esta apatía. Y ya hay una estadística que habla por sí sola: el número de solicitudes de voto por correo ha caído un 30% en comparación con las elecciones generales de abril de este año.

Pero el jueves, la campaña se inició como si la situación fuera normal. Los planes para estas elecciones fueron concebidos cuando el primer ministro interino Pedro Sánchez -el político del Partido Socialista (PSOE) que ganó la votación de abril pero no obtuvo la mayoría en el Congreso- no consiguió en julio el apoyo que necesitaba de otros partidos para formar un gobierno. Pero esos planes se han visto complicados por la crisis catalana, en la que se produjeron protestas generalizadas y a menudo violentas en la región nororiental tras una sentencia del Tribunal Supremo que condenó a nueve líderes independentistas a la cárcel.

El PSOE quiere mejorar los 123 escaños que obtuvo en abril en el Congreso de 350 escaños, la cámara baja del Parlamento español. Y lo está haciendo buscando ganarse a los votantes del centro-derecha Ciudadanos, un partido que está en caída libre en las encuestas. A diferencia de abril, cuando los votantes de izquierda se movilizaron en masa para detener el ascenso del grupo de extrema derecha Vox, esta vez el voto centrista -hasta ahora dominado por el jefe de Ciudadanos, Albert Rivera- podría ser decisivo.

El Partido Popular (PP) conservador, dirigido por Pablo Casado, vio el peor resultado de su historia en abril, debido a un giro a la derecha provocado por el surgimiento de Vox. Desde entonces, Casado ha devuelto el partido al centro, y también está convencido, antes de las elecciones del 10 de noviembre, de que su éxito dependerá de que le roben el apoyo a Ciudadanos.

No se necesitan datos para cuantificar el agotamiento de los ciudadanos españoles ante la perspectiva de estas elecciones generales, la cuarta en cuatro años, que están por todas partes a la vista. Pero hay más estadísticas que lo respaldan. El indicador de confianza política que mide el centro público de investigación del CIS, por ejemplo.

De 1996 a 2008, cuando la crisis económica mundial se arraigó por primera vez, esta cifra se situó en torno al 50%, con momentos en los que fue muy baja, como en el período previo a la guerra de Irak, y momentos en los que fue muy alta, como tras la elección del presidente del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, en 2004. Desde 2008, la cifra ha ido descendiendo lentamente, alcanzando su punto más bajo en 2013-2014, cuando el sistema bipartidista PP-PSOE llegó a su fin y partidos como Podemos y Ciudadanos irrumpieron en escena.

Con la llegada de Sánchez al poder en 2018, el índice de confianza política se recuperó y aumentó aún más tras las elecciones de abril. Pero desde entonces no ha hecho más que caer, y está de nuevo muy cerca de los peores niveles de la época en que Mariano Rajoy, del PP, era primer ministro.

Los partidos políticos están convencidos de que estos primeros días de campaña servirán simplemente para preparar el terreno para el momento de la verdad: el debate televisado del lunes entre los cinco principales candidatos: Pedro Sánchez (PSOE), Pablo Casado (PP), Albert Rivera (Ciudadanos), Pablo Iglesias (Unidas Podemos) y Santiago Abascal (Vox). En ese momento, argumentan, es cuando comenzará la verdadera campaña.

La semana antes de las elecciones será cuando los candidatos podrán influir en los votantes que decidirán las elecciones. A la izquierda, las encuestas indican una situación clara. Unidas Podemos aguanta mucho mejor de lo esperado, y la crisis catalana ha eclipsado la aparición de un nuevo partido, Más Madrid, encabezado por uno de los fundadores originales de Podemos, Íñigo Errejón. Ese nuevo grupo no se perfila como una amenaza real, ni para Pablo Iglesias ni para el PSOE. A la derecha, mientras tanto, continúa la guerra entre el PP y Vox.

El PSOE se centrará en el centro del campo, con la esperanza de que pueda alcanzar los 140 ó 150 asientos, tal y como predice la última encuesta del CIS. Esto dependerá, sobre todo, de dos bloques de votantes: los que todavía dudan de que deban o no apoyar al PSOE una vez más, y los que todavía están dispuestos a apoyar a Ciudadanos pero están tentados de cambiar de lealtad. Estos son los planes de juego actuales. Pero las campañas electorales siempre traen sorpresas….

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