miedo a gente

El miedo a la gente

En un momento dado todos sentimos ansiedad. Durante una reunión difícil en el trabajo, después de un examen médico o tal vez cuando nuestro equipo pierde por un gol y faltan sólo cinco minutos para que el juego termine, podemos sudar frío, temblar y nuestro corazón puede tamborearnos en el pecho.
Cuando esta ansiedad alcanza un grado exagerado y tal condición afecta nuestro entorno familiar, laboral o social, podemos encontrarnos frente al tipo más común de desorden mental: un desorden de ansiedad.

“Los desordenes de ansiedad no son sólo nervios”, según reporta la Asociación Americana de Salud Mental. “Usted no puede sobreponerse a los desórdenes de ansiedad por simple voluntad, ni puede ignorar sus síntomas. Estos desórdenes hacen que se sienta ansioso la mayor parte del tiempo, e incluso lo llevan a considerar incómodas diversas situaciones de la vida, hasta que opta por evitarlas enteramente. Algunas veces la ansiedad es tan fuerte que podría paralizarlo del miedo”.
Uno de los trastornos de ansiedad más comunes son las fobias, definidas como el miedo persistente, irracional, intenso a un objeto, actividad o estímulo específico; miedo que el propio individuo reconoce como excesivo o irracional.
En el caso de la fobia social se habla de un trastorno que implica miedo y alejamiento de situaciones sociales por temor de hacer el ridículo, pasar un apuro o sufrir alguna humillación. Por ejemplo, se puede sentir miedo de preguntarle algo a un desconocido, dirigirse a un auditorio, actuar frente a las demás personas o incluso comer sólo en un restaurante.

“La fobia social es un problema que puede estar relacionado a sentimientos de inferioridad y baja autoestima, y puede llevar a una persona a rehuir de la escuela, evitar hacer amigos y hasta permanecer desempleado”, advierte la Asociación Americana de Desórdenes de Ansiedad.
El organismo también menciona el hecho de que, aunque a veces se confunde la fobia social con la humildad, no son la misma cosa. Por lo general, la persona humilde o tímida no experimenta gran ansiedad en situaciones sociales y tampoco necesariamente las evitan. En contraste, la gente que sufre de fobia social puede departir con la gente comúnmente, excepto en situaciones específicas.
Con alarmante frecuencia, la fobia social viene acompañada de depresión o abuso de drogas.
Los síntomas físicos de las fobias sociales pueden incluir bochorno, sudoración profusa, nerviosismo y otros signos de ansiedad. También pueden presentarse dificultades al hablar, náuseas u otras molestias estomacales. Estos síntomas pueden intensificar el pavor al punto de ocasionar verdaderos estados de pánico.

Aunque las fobias son padecidas por muchas personas, nadie sabe con exactitud qué las causa.
Cuando este desorden se presenta en la juventud o durante la edad adulta, es más persistente que el que puede desarrollarse durante la infancia, usualmente debido a miedos comunes, la oscuridad, situaciones desconocidas o algunos insectos.
Alrededor de un 20 por ciento de las fobias desaparecen solas, pero se ignora porque persisten en algunas personas.
Ejemplos de fobias específicas los encontramos en el temor a los perros, animales ponzoñosos o serpientes; manejar un carro, permanecer dentro de un ascensor, los túneles, los puentes, los truenos o volar en aviones.

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